6 Parques Naturales, escenarios de leyendas

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  • P N Los Alcornocales
  • Espacio natural Sierra de Grazalema
  • Avistamiento de cetáceos con Turmares Tarifa
  • Espacio natural Bahía de Cádiz
  • Entorno de Doñana
  • Senderismo en la naturaleza
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Cádiz es Naturaleza. La ruta de los Parques Naturales.

Miradores, desfiladeros, gargantas y cañones se entremezclan  en el interior de la provincia de Cádiz con la arquitectura rural, la buena mesa, la vida recuperada, las almazaras y los molinos, las calzadas romanas, las fiestas y la fabricación artesanal de mantas. Instrumentos musicales, dulces, quesos y mermeladas son arte y parte de Escenarios de aventuras, leyendas y sabiduría popular que han convertido estos Parques Naturales en mucho más que espacios extraordinarios para los amantes de la naturaleza.

Son más de 220.000 hectáreas de parajes, reservas y parques naturales que hacen de esta provincia una de las que cuentan con mayor proporción de espacios protegidos de toda España. 

La diversidad ecológica y paisajística se acentúa en los seis parques naturales de la provincia: el de la Sierra de Grazalema, el de Los Alcornocales, el Parque Natural del Estrecho, el de la Bahía de Cádiz, el de la Breña y las Marismas del Barbate y el Parque Natural del Entorno de Doñana.

Lugares que ofrecen, además de su indudable interés natural, una amplia oferta de actividades recreativas.

Cuevas, veredas, embalses, arte rupestre y un denso bosque dibujan el paisaje del Parque Natural de los Alcornocales.
Conocido como “la selva virgen de la península ibérica”, desde él se divisa la costa africana. Habituales del parque son el buitre leonado y el búho real.

Ciervos, corzos, nutrias y meloncillos encuentran también su refugio en este parque, considerado el bosque mejor conservado de Europa.

Su microclima, muy cercano al de las zonas tropicales, ha favorecido la  proliferación de una vegetación exuberante, casi impenetrable.

Por sus cuevas y sus veredas han pasado bandoleros y estraperlistas con uno de los productos más preciados en época de penurias: el café que entraba por Gibraltar y sorteando caminos llegaba tierra adentro.

Cigüeñas, águilas calzadas, halcones y numerosísimas especies se dan cita en este entorno excepcional para los ornitólogos y en el que se puede practicar el descenso de cañones, el piragüismo, visitar restos arqueológicos o dar un paseo  en globo aerostático.

Aunque sólo pasear por los milenarios bosques de alcornoques, que se descorchan por turnos de entre 9 y 10 años, es ya una aventura. La extracción del corcho es uno de los recursos más importantes del parque así como la ganadería y la caza mayor.

Estrechos y profundos valles fluviales -conocidos como canutos- proporcionan la misma humedad que rodean especies de la Era Terciaria y de gran interés botánico y que son los protagonistas de este parque que cuenta con una superficie de 170.025 hectáreas y que se extiende por la provincia de norte a sur, limitando al norte con el parque de Grazalema y al sur con el del Estrecho.

Donde se funden el mar y el bosque, el vértigo de los acantilados con las playas de los Caños de Meca se encuentra  el Parque Natural de la Breña y las Marismas de Barbate. Con manantiales de agua potable  junto a la orilla del mar, senderos para excursionistas y la posibilidad de disfrutar del buceo.

Lavanderas blancas, canasteras y otras aves revolotean por las oquedades de  estos acantilados que llegan a superar los cien metros de altura y que repentinamente desembocan en el Atlántico.

Sobre la montaña: el pinar de Barbate, que ocupa una superficie superior a las 2.000 hectáreas. En las inmediaciones, el Faro y el cabo de Trafalgar, un lugar para la historia desde 1805, año en el que se libró la batalla en la que el comandante Nelson pierde la vida. Trafalgar Square, en el centro de Londres, toma de aquí su nombre y recuerda la contienda con esta monumental plaza. En el parque,  mientras tanto, la tranquilidad continúa, al margen de cualquier batalla. 

El parque produce entre medio millón y los dos millones de kilos de piñas al año que se venden en el mercado nacional. La piña se aprovecha como combustible y los piñones en repostería. En Barbate es el ingrediente protagonista de las “piñonadas de la Breña”, un dulce típico de tradición familiar, elaborado con huevo, azúcar y piñones que se puede adquirir en la localidad y en tiendas de gourmets.

El Parque Natural de la Sierra de Grazalema cuenta en sus más de 50.000 hectáreas con el Pinsapar de Benamahoma, un bosque de abetos que sobrevivieron a la retirada de las glaciaciones.
La UNESCO lo declaró Reserva de la Biosfera en 1975 y la Unión Europea, Zona de Especial Protección para las Aves. Con una media anual superior a los 2.000 litros por metro cuadrado, cuenta con la pluviosidad más alta de la península ibérica.

En la Sierra de Grazalema se integra la Ruta de los Pueblos Blancos, y existen empresas que organizan actividades de multiaventura, espeleología, rutas a caballos o escalada. El sendero de la Garganta Verde es uno de los más característicos de la zona.

En Grazalema es interesante visitar la fábrica artesanal de mantas y en Zahara de la Sierra el Molino del Vínculo para conocer cómo se produce el aceite  en esta antigua almazara.

Con denominación de origen desde el 2002, este aceite se caracteriza por los aromas silvestres de la sierra, ligeramente picante y amargo, fruto de un cultivo en un terreno abrupto donde la producción masiva es imposible.

Entre los productos más genuinos del norte de la provincia se encuentra el queso de cabra payoya -una especie autóctona de la Sierra de Cádiz- muy preciado y premiado en concursos nacionales.

Otro de los mejores enclaves para pasear a caballo es el Parque Natural del Entorno de Doñana. En su área gaditana, el Parque ofrece la posibilidad de visitar marismas y pinares, contemplar aves o acceder desde Sanlúcar de Barrameda al Parque Nacional atravesando el Guadalquivir, en el buque Real Fernando y continuar, si se desea, en un vehículo todoterreno.

3.400 hectáreas de marismas, salinas y pinares junto al río Guadalquivir corresponden al parque natural que circunda el parque nacional del mismo nombre.

Marismas, playas, pinares, caños y dunas conforman el Parque Natural de la Bahía de Cádiz, donde se pueden realizar recorridos náuticos y visitar esteros y salinas, un recuerdo de lo que fue una de las industrias más prósperas de la Bahía en el S. XIX, cuando existían más de un centenar de salinas.

Y frente a la costa, el islote de Sancti Petri, donde la mitología sitúa el templo de Hércules y la Atlántida y por la que pasaron personajes de la antigüedad tan relevantes como Aníbal o el emperador romano Julio César.

Allí se alzaba el santuario fenicio consagrado a Melkart, deidad a la que rendían culto los navegantes que llegaron a estas costas hace unos 3.000 años procedentes desde el lado más oriental del Mediterráneo.

Conviene adentrarse en el laberinto del parque en barca y degustar los pescados recién sacados de los esteros en cualquiera de las modalidades: a la teja o a la sal.

El Parque Natural del Estrecho, declarado en marzo de 2003, abarca sierras, costas y fondos marinos entre Tarifa y Algeciras. Situado entre dos mares y dos continentes, ofrece  una riqueza histórica, paisajística y natural absolutamente singulares. Águilas imperiales, ballenas y delfines junto a las ruinas de  Baelo Claudia, la que ciudad que mejor representa el urbanismo romano en la península ibérica.

Desde ella se exportaba el garum, una salsa de pescado deliciosa, un bocado exquisito  para todo el Imperio  Romano.    Unas treinta cuevas con arte rupestre, con dunas de arena en las playas de Bolonia y Punta Paloma y mar adentro, una cantidad indeterminada de pecios, barcos hundidos, cargados de tesoros...

El Parque Natural Bahía de Cádiz y su paisaje cambiante al ritmo de las mareas.
Parque Natural de Los Alcornocales.