Descripción

Situada al sur de la Península Ibérica en el extremo suroccidental de Andalucía, en la provincia de Cádiz, la comarca de la Sierra de Cádiz-Pueblos Blancos está comunicada con la zona de la Bahía y la Costa del Sol por la A-382 y con Sevilla por la A-473.

Goza de un clima benigno, de veranos calurosos e inviernos no muy fríos; no obstante en la Sierra de Grazalema (Reserva de la Biosfera) se registra un microclima que se caracteriza por su alto índice de pluviosidad, el mayor de España.

Sus pueblos blancos, de urbanismo andalusí y valiosos vestigios arqueológicos, que se encaraman en las laderas de las montañas son toda una alternativa al turismo bullicioso además de una garantía para el disfrute de la naturaleza. Por ello,  es uno de los destinos preferidos por los amantes del turismo rural.

Su amplia oferta de turismo activo, en el marco de sus dos espacios naturales protegidos (Grazalema y Alcornocales), una gastronomía que se nutre de los productos de la tierra y fiestas y tradiciones con carácter propio completan la nómina de los múltiples atractivos de esta zona gaditana.

Ruta de los Pueblos Blancos de la Sierra de Cádiz, aquí.

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Encrucijada de culturas

Zona habitada desde la más remota antigüedad, la Sierra de Cádiz posee un valioso patrimonio arqueológico, con restos que abarcan desde el Paleolítico Inferior (unos 250.000 años atrás) a las fortificaciones castellano-granadinas de la Edad Media, pasando por importantes asentamientos ibéricos o romanos.

De su poblamiento prehistórico se conservan indicios en las Cuevas de la Manga (Villaluenga del Rosario) y monumentos megalíticos tan relevantes como el Dolmen de Alberite en Villamartín, el Dolmen de El Charcón de El Gastor, los Dólmenes de Tomillo en Alcalá del Valle y la necrópolis prehistórica de Fuente de Ramos de Puerto Serrano.

Con el Imperio Romano la zona alcanzó una gran prosperidad, siendo buena muestra de ello los numerosos vestigios que se hallan diseminados por la comarca. Al yacimiento de la Sierra de Aznar en Arcos de la Frontera con su impresionante “Castellum Aquae” y los restos de Calzada romana, se suman las antiguas ciudades íbero-romanas de Iptuci en Prado del Rey, Ocuri en Ubrique (con restos de sus murallas, necrópolis y foro) y Carissa Aurelia en Espera (con sus impresionantes hipogeos funerarios), así como el importante yacimiento del Cerro de la Botinera en Algodonales.

La larga presencia islámica en la zona, marcará profundamente tanto la fisonomía como la cultura de los pueblos de la Sierra.

Aún se pueden contemplar fortalezas (Zahara de la Sierra, Olvera, Setenil de las Bodegas Arcos de la Frontera, Bornos, Ubrique, Villamartín...) y recintos amurallados (Benaocaz, Torre Alháquime...) que fueron testigos de las intensas luchas fronterizas y más tarde reutilizados por los cristianos. Tras la Reconquista éstos erigirían iglesias, magníficas casas señoriales y edificios civiles, representativos de todos los estilos arquitectónicos.

La decena de Conjuntos Históricos con los que cuenta la comarca dan fe de su riqueza monumental.

Arquitectura popular

La fuerte herencia andalusí ha marcado profundamente la fisonomía de las localidades de la Sierra de Cádiz, conformando una arquitectura popular muy singular y característica que permite al visitante sumergirse en su pasado.

El blanco de la cal va enlazando un pueblo con otro, compartiendo su arquitectura típica de casas bajas situadas en calles estrechas y zigzagueantes de grandes cuestas, en las que llama la atención su limpieza y pulcritud, el orden y el esmero hasta en sus más mínimos detalles. Los geranios que cuelgan de las ventanas dotan de colorido estas casas de estilo  andaluz que resplandecen al sol.

Su distribución y formas tiene un reflejo actual en el vecino Marruecos. Todos estas villas serranas tienen una cultura de la cal arraigada desde antiguas generaciones.

Las construcciones, que a veces se asientan sobre salientes rocosos, prolongan el blanco de la cal sobre la propia roca, creando maravillosos conjuntos que cambian sus formas según la hora del día.

Los tejados de las viviendas, casi todos a dos o tres aguas, cubiertos de tejas con diversidad de tonos ocres y jalonados de blancas chimeneas ofrecen un conjunto arquitectónico identificativo de esta zona.

El agua omnipresente tiene también un protagonismo especial en el entramado urbano de estas localidades. En sus fuentes, se puede saborear la más límpida y fresca agua de los manantiales de montaña. La sierra está salpicada, además, de construcciones singulares, la mayoría en desuso, pero conservadas en perfectas condiciones. Es el caso de las almazaras y molinos, algunos de agua de los llamados “de cubo”. También encontramos “norias de sangre” para el agua de pozo y “norias de vuelo o de corriente” para el agua de río.

Existe asimismo una amplia oferta de alojamientos (casas rurales, albergues, antiguos molinos, cortijos y refugios de montaña), reformados y perfectamente acondicionados para que los amantes de la sencillez y la tranquilidad puedan gozar durante unos días de las excelencias de la zona.

Tradiciones ancestrales

Una buena forma de conocer las raíces de un pueblo es a través de sus tradiciones. Esta tierra se caracteriza por las costumbres relacionadas con las ocupaciones a las que se han dedicado desde antiguo sus habitantes, como el pastoreo y la ganadería. De lo más común resulta divisar entre sus campos o en los cortijos, los rebaños de cabras guiadas por su cabrero.

O la época de la matanza del cerdo en que se realizan artesanalmente los embutidos y chacinas que más tarde  protagonizarán los platos de los bares y restaurantes de la comarca.

Otra gran tradición de la zona es la olivarera, con molinos artesanales muy antiguos y que producen unos aceites excelentes. De hecho la Sierra de Cádiz puede presumir de poseer un aceite que lleva su nombre con Denominación de Origen.

De la gran importancia del toro en esta tierra dan fe sus plazas (en especial la de Villaluenga del Rosario que es la más antigua de la provincia) y las ganaderías de reses bravas como las de Arcos de la Frontera. Pero además, el toro es protagonista principal en muchas fiestas de la provincia, en las que se llevan a cabo “sueltas de toros”, “correr el
toro”, etc...

También podemos admirar su bagaje cultural e histórico a través de los museos locales enclavados en las diferentes poblaciones serranas. Además de aquellos que poseen salas arqueológicas con piezas interesantes, existen otros dedicados exclusivamente a las tradiciones artesanales y etnográficas: el Museo “Olvera. La Frontera y los Castillos”, el Museo de Artesanía Textil en Grazalema, el Museo Histórico Municipal de Villamartín, el Museo Histórico de la Sierra de Cádiz (Benaocaz) y el Museo Arqueológico de Espera.

El Flamenco también tiene aquí una gran importancia, como en el resto de la provincia. Numerosas peñas flamencas y festivales como el Concurso Nacional de Cantes por Serranas que se celebra en Prado del Rey, se dan cita en la Sierra de Cádiz. Con técnicas que en muchos casos provienen de antiguo y una amplia gama de todo tipo de materiales como el textil, el cuero, barro, caña, mimbre, madera, etc.., los artesanos de la tierra ofrecen una gran diversidad de productos genuinos y de gran calidad.

Destaca la marroquinería, que tiene su centro en Ubrique junto con Prado del Rey y Villamartín. En trabajos en mimbre o caña destacan Setenil de las Bodegas y Bornos, mientras que la cerámica sobresale en Arcos de la Frontera y los  instrumentos musicales tienen en las guitarras de Algodonales o las gaitas de El Gastor sus máximos exponentes. Completan la amplia nómina artesana los cestos y alpargatas de esparto en Torre Alháquime, los botos camperos en  Espera, y los muebles artesanales de Prado del Rey.

Para los más activos

El privilegiado entorno natural de la Sierra de Cádiz se configura como el escenario idóneo para la práctica de todo tipo de actividades de turismo activo, siempre en contacto con la naturaleza.

Recorrer los parques naturales Sierra de Grazalema y Los Alcornocales haciendo senderismo es una de las mejores maneras de conocer los numerosos llanos y gargantas, las cuevas y cortados; sumergirse en el corazón de los bosques de pinsapos u observar la grandiosidad del paisaje desde la cima de sus picos, admirando el vuelo de los buitres leonados.

Todo ello acompañado en todo momento por el murmullo de las cascadas de sus ríos y arroyos. Rutas como las de los Llanos del Republicano, Garganta Verde y el Salto del Cabrero se pueden llevar a cabo tanto a pie como en bicicleta de montaña o incluso paseando a caballo.

Para los amantes de los deportes de riesgo esta comarca cuenta con muchos atractivos. Reúne las condiciones perfectas para los deportes aéreos (ala delta, parapente, ultraligeros), que gozan de gran popularidad por la existencia de numerosas zonas de vuelo libre: Sierra de Albarracín (cerca de Benamahoma), Puerto de las Palomas, Sierra de Líjar... De  hecho Algodonales acogió en 2001 los Juegos Aéreos Mundiales.

Los aficionados a la escalada disponen de varias vías, bien al natural o equipadas, para poder disfrutar al máximo de este deporte, en el Puerto de las Palomas, Peñaloja, el Peñón Grande, el Cintillo o la Verdilla. El barranquismo y el descenso de  cañones son otra opción, destacando la Garganta Verde y la Garganta de Buitreras.

Los aficionados a los deportes náuticos tampoco se sentirán decepcionados, ya que podrán practicar la pesca, el piragüismo o la vela en sus numeroso ríos y embalses como el de Guadalcacín II (Algar), el Lago de Bornos y el Lago de Arcos, que  cuenta con un Club Náutico. En la localidad de El Bosque se enclava, además, el coto truchero más meridional de Europa.

Paraíso natural

La mayor parte del territorio de esta comarca gaditana forma parte de los parques naturales Sierra de Grazalema (con el Cerro de El Torreón, el punto más elevado de la provincia) y Los Alcornocales, además de participar de otros valiosos espacios protegidos tales como las reservas naturales del Peñón de Zaframagón y el Complejo Endorreico de Espera o los parajes naturales Cola del Embalse de Bornos y Cola del Embalse de Arcos.

El Parque Natural Sierra de Grazalema, declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco, posee un microclima específico gracias a su índice de pluviosidad (el más elevado de la Península Ibérica), gran protagonista tanto de su riqueza vegetal y animal como de la singular morfología.

Es el sistema montañoso más elevado y escarpado de la provincia de Cádiz, con un relieve de naturaleza kárstica en el que se dan cita valles de paredes verticales, cuevas, simas, grutas, cornisas y taludes. Crean paisajes de gran belleza como la Garganta Verde, el Salto del Cabrero o el Puerto de los Acebuches.

La gran riqueza botánica del parque está presente en sus grandes masas de bosque mediterráneo, bosques de galería y endemismos como la amapola de Grazalema y la linaria. Pero habría que destacar el enorme valor del Pinsapo, especie de abeto exclusiva de la Europa Occidental, endémica de la Serranía de Ronda y reliquia de la Era Terciaria. En la umbría de la  Sierra del Pinar, entre Grazalema y Benamahoma, se localiza un magnífico pinsapar, el mejor conservado en la actualidad.

La Sierra de Grazalema sirve de hábitat a una fauna en la que tienen especial protagonismo las rapaces, localizándose en este espacio una de las mayores colonias de buitre leonado de Europa y también una de las mayores colonias del continente europeo del murciélago de cuevas (en el Complejo Hundidero-Gato).

El Parque Natural de los Alcornocales (del que participan los municipios de Arcos de la Frontera, Ubrique, Algar, El Bosque, Prado del Rey y San José del Valle) contiene el alcornocal más extenso de la Península Ibérica y uno de los mayores del  mundo.Su atractivo natural no finaliza aquí, ya que acoge unos bosques galerías excepcionales, capaces de transportarnos a regiones subtropicales ausentes en la actualidad del continente europeo.Estas sierras presentan gran riqueza en rapaces contabilizando hasta un total de 18 especies. Las mejor adaptadas a este tipo de bosque son las águilas calzadas, culebreras y ratoneras, azores, gavilanes y cárabos.

El Sabor de la tierra

La gastronomía de la Sierra de Cádiz, otro de sus atractivos turísticos, es en buena parte consecuencia del crisol de culturas que han convivido: la islámica, la judía y la cristiana.

Su larga permanencia aquí ha dejado a su paso tradiciones, costumbres y maneras de realizar una rica y sana cocina, elaborada con los excelentes productos de la tierra. La materia prima de la cocina serrana es de la máxima calidad, destacando el magnífico aceite de oliva con Denominación de Origen “Sierra de Cádiz” que da un toque tan especial a todos sus platos. Completan la nómina de ingredientes los excelentes productos de su huerta y su campiña; las deliciosas carnes, chacinas y jamones de los cerdos ibéricos; y, por supuesto, sus quesos artesanales, entre ellos el más famoso de la sierra, el queso payoyo.

No nos podemos olvidar del típico pan de campo y los molletes, populares en toda la provincia.

En la comarca tampoco falta el pescado, ya que los cotos trucheros y las piscifactorías existentes en localidades como Benamahoma proporcionan unas deliciosas truchas.

Entre los platos típicos de los Pueblos Blancos están los espárragos cocinados en todas sus variedades, las tagarninas, las sopas de ajo o de tomate, las sopas pegás o cortijeras, la alboronía, las cabrillas, el lomo en manteca, la berza, el pollo de campo, el lomo a la miel y el cerdo ibérico mechado entre muchos otros. Pero quizás el plato más típico sea el cocido de matanza, elaborado con garbanzos, judías blancas y los productos de la matanza, que se lleva a cabo todavía en muchas casas.

La repostería es otra de las delicias gastronómicas de la Sierra de Cádiz, estando muy presente la herencia andalusí. Muestra de esta dulcería son los gañotes pestiños, hornazos, buñuelos, torrijas de miel, bollos de Semana Santa, tartas de queso de cabra, huevos nevados, piñonates, roscos de huevo...

Información general

Web: www.mmsierradecadiz.org